Jaime Nebot presenta al nuevo Jaime Nebot.

Mientras el socialcristianismo vuelve a su eterno debate de los últimos 20 años, Jaime Nebot decide ser candidato presidencial, aunque a la final decida lo contrario.

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Tiene 71 años, pero capacidad de reinventarse. El alcalde Jaime Nebot llegó a Quito esta mañana para participar de la conferencia Camino al Desarrollo, organizada por la Cámara de Comercio de la capital, junto al expresidente de Chile Ricardo Lagos. Fue una excusa, en realidad. Una excusa para volver por tercera vez en un año a Quito. Una excusa para reencontrarse con su amigo personal y referente de la izquierda no fracasada. Una excusa, sobre todo, para presentar al nuevo Jaime Nebot, el refurbished. 

No usa guayabera ni lleva corbata azul y celeste guayaquileña; lleva traje y corbata sobria. No usa a Guayaquil como idea madre para pintar en los espacios vacíos unas líneas sobre Ecuador, lo contrario. No se encierra en los problemas guayaquileños, sino en las soluciones de gestión que podrían aplicarse al país. No se aferra a la libertad de mercado sin mencionar “el rostro humano”; ni se pasea por sus subsidios (tablets, internet gratuito, becas) sin pasar por la necesidad de crear condiciones para la inversión. No tiene reparos en citar en el mismo espacio al líder socialista español Felipe González y al cantautor cubano Silvio Rodríguez, a quien le toma un verso como cierre. El nuevo Jaime Nebot va al centro. 

Desde hace tiempo se ha movido de la derecha a la centroderecha. Y ahora, un poco más. 

El nuevo Jaime Nebot, que rompe su sagrado encierro en los límites de la ciudad de Guayaquil, proclama desde Quito los temas nacionales, especialmente económicos: el manejo de la deuda, la necesidad de arbitraje, su crítica eterna a la metida de mano en los fondos de la seguridad social, la repetitiva invitación a controlar el gasto público: “Guayaquil invierte 85 de cada 100 dólares en obra pública. Y sólo 15 de cada 100 en gastos administrativos”, dice al respecto, recitando una relación porcentual que los guayaquileños se han aprendido de memoria. Pero agrega: “El dinero del pueblo es para el pueblo. No para connados ni pipones ni mucho menos ladrones”, como una forma para volver nacional la premisa local.  

Lo hace con la soltura que una administración probada concede. Después de todo a Nebot se lo critica por muchos costados: ninguno por incompetencia. 

El nuevo Jaime Nebot es entonces un orador moderado con proyección nacional. De algún modo -casi por inercia- siempre lo ha sido. Pero esta vez hace el esfuerzo. 

Con ello aviva, en los pasillos, el único debate que hoy puede uno escuchar en un grupo de socialcristianos: si será o no candidato en el 21. 

“Ya le dije al futuro presi”, dice una de sus colaboradoras, introduciéndose a una conversación.

“No lo será”, responde uno de sus asesores. Lo hace con convicción. 

La escena se repite una y otra vez por los pasillos. Unos están trabajando bases en todo el país, con miras especiales en Manabí sin cuyos votos es difícil lograr una presidencia, como la que anunció sin duda César Rohon en un Castigo Divino: “Será candidato”. Otros se concentran en mantener y potenciar Guayaquil. Y solo los de voz propia y firme defienden abiertamente la necesidad de potenciar nuevas figuras que puedan terminar como candidatos presidenciales. 

Mientras todos ellos debaten sobre un asunto que los ha atormentado los últimos 20 años, el nuevo Jaime Nebot ya es un candidato presidencial. Aunque a la final decida no serlo.