Querido José Valencia

Luis Eduardo Vivanco le escribe una carta de peticiones al nuevo canciller del Ecuador, José Valencia. Como es abusivo pide de todo: Venezuela, Nicaragua, Colombia y Assange. El nuevo Ministro tiene muchísimos retos por delante.

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No me conoces, ni yo a ti. Cualquier rato avisa y nos tomamos un vino. A mí me viene muy bien eso de las momias cocteleras. En fin. 

Esta semana el Gobierno anunció que serás nombrado canciller del Ecuador, lo que me alegra, la verdad, de corazón. Te deseo lo mejor y te tuteo porque bueno, así es la Posta de insolente.

Sin ser nadie para solicitarte cosas, me permito esta malacrianza y te hago algunas peticiones que si tienes tiempo, quisiera que tomes en cuenta. Como ecuatoriano me encantaría que te refieras a la situación venezolana como lo es: una narco dictadura. Bueno, si resulta muy duro y poco diplomático, por lo menos llámalo ‘ruptura del orden democrático’, pero por el amor de Dios, dejémonos de hacernos los pendejos con eso. Si no me crees, te puedo presentar a varios amigos venezolanos y ellos te contarán, de primera fuente, la porquería de país en el que se convirtió esa maravillosa tierra. 

Pasando a Nicaragua. La misma vaina. No hagas como tu antecesora, que fue a agarrar el micrófono para lamer las botas que hoy asesinan a decenas de estudiantes. Eso no me representa, nosotros los ecuatorianos estamos del lado de los derechos humanos, no del lado de farsantes democracias, que se manejan al vaivén de los intereses de tiranos de pacotilla. 

José, de lo que he averiguado, compartes estas ideas. Yo sé que eres diplomático y no puedes llamarle mierda a la mierda, pero estoy tranquilo con la idea de que tienes la capacidad de detectar la esencia fecal en los que fueron nuestros socios durante los últimos diez años. 

Y sí, te pido revises todas esas delegaciones diplomáticas que abrimos en destinos oscuros y que no representan ningún beneficio real para los ecuatorianos. Sí, en esos parajes del otro lado del mundo donde tanto se sospecha que muchos guardan nuestro dinero. 

Ponte serio con los chinos, que no vengan a hacer de nuestro Galápagos su despensa de tiburones; habla a la cara con los colombianos, que nuestra frontera no sea zona de guerra y paraíso de narcos. En fin, tienes mucho, pero mucho trabajo. 

No quiero terminar mi carta sin decirte que busques la vía para librarnos de Assange. Te confieso que yo admiré al australiano hace muchos años, pero desde que pasó a ser un alfil de Putin, el suquito me provoca arcadas. 

José, en tus manos queda lavar la cara de un país que por más de una década se hizo el cojudo con la justicia humana y defendió los abusos de sus compinches. Por favor, ayúdame a que cuando esté fuera del país, no se me caiga la cara de vergüenza. Mucha suerte y quedo pendiente de ese vino, al que yo tan abusivamente me auto invité.