No son tres periodistas. Eres tú.

Hace nueve días no secuestraron a tres periodistas, sino a un país. 


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Deja de decir que son tres periodistas. No lo son. Eres tú. 

Eres tú que ha salido a trabajar una mañana como cualquier otra y le has dado un beso a tu esposa sin saber si será o no el último. Eres tú, que hace nueve días dabas noticias, no eras noticia. Eres tú, que tiene que pararse delante de una cámara, encadenado del cuello, sin dejarte humillar; manteniendo la voz al filo del quiebre y la firmeza más visible que el temor. Eres tú que no sabes de mí ni de los otros cientos que te acompañamos a nuestra manera, en un tuit, en la calle, en un programa, en una carta, en un rezo, en un pensamiento cada mañana. Eres tú, no son tres periodistas. 

Eres Javier, el periodista, porque alguna vez te ha tocado ser portavoz de malas noticias. Porque has sacado fuerzas de donde no es posible para dárselas a un país entero que se levanta horrorizado con tu foto y tu vídeo y una toma mal hecha pero termina diciendo ‘qué fuerte el muchacho’, aunque no los escuches. 

Eres Paúl, el fotoperiodista, porque miras la vida con otros ojos. Porque antes de terminar en esto ya habías tenido la empatía y la sensibilidad para retratar el dolor ajeno: lo hiciste en fotos o a lo mejor en escuchas o en palabras o en acciones. Pero lo hiciste. Por eso no te sorprende, aunque no lo sepas, que en este país nadie piensa que se trata de tres sino 16 millones. Que lo que han secuestrado no son tres periodistas, sino la tranquilidad de un país. Eres Paúl porque -aunque no sonrías en esa foto y esos vídeos- todos te creen capaz de sacar una chispa de alegría en la tragedia. 

Eres Efraín, el conductor. Tú, que te has fajado la vida entera para tirar para adelante. Que te sabías parte fundamental del equipo porque sin ti no había motor que hiciera llegar la verdad a nadie. Que te abrazaste a una familia que te admiraba tanto que hasta siguieron tus pasos con ganas de superarte, pronto o tarde. 

Es verdad. Eres hoy un tema incómodo para un presidente que casi ni te menciona porque tiene otras cosas: que la economía, que la política. Eres hoy un motivo de disputa escondida entre dos Gobiernos que prefieren aparentar colaboración sobre la mesa y sabotearse bajo ella porque al parecer no eres prioridad. Eres hoy el mayor reto de unos ministros a los que nadie considera preparados para rescatarte ¿Pero quién puede decir que sí lo está? Y sí, seguro que es difícil, si te enteras de esto, ser tú. 

Pero anímate: eres también el primer pensamiento de muchos y la última acción del día de unos cuantos, eres un hashtag y una campaña, un símbolo, un ejemplo, un recuerdo cariñoso, un deseo de conocerte para quienes no te conocemos, una oportunidad para recordarle a este país que su respaldo al periodismo es más necesario que nunca, una advertencia para avisarle al país que el crimen organizado dejó de ser un problema ajeno y lejano y dedicado a la sección de la crónica roja en los diarios. 

Y aunque todo esto es mucho para asimilar, por favor, nunca olvides que eres padre, esposo, hijo, hermano, colega y amigo. Y que cuando vuelvas habrá más brazos de los que pueden abrazarte, más te extrañamos de los que puedes imaginar y más y mejor periodismo del que nos has querido enseñar. 

No te engañes, no eres un número. No eres un 3. 

No te engañes, no eres un colega secuestrado: eres Javier, eres Efraín, eres Paúl. 

No te engañes, no eres sino el motivo por el que la Plaza Grande se quede chica: Porque tu ausencia es incomensurable. Porque no es la cantidad de gente que se plante, sino la que acompaña al plantón. Porque no cabe allí, después de tanta esperanza, ni el miedo ni la cobardía ni el terror. 

Eso eres.