Toditos se ahuevan

Luis Eduardo Vivanco está a la espera de un político con la valentía de plantarles cara al sector del transporte, un gremio que hace lo que le da la gana en este país.

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Hoy en Quito los taxistas amarillos marcharon en contra de Cabify y Uber. El fin de semana un nuevo accidente de tránsito enlutó las vías y sí, otra vez un bus. 

En el primer caso vemos un gremio formal luchando contra la tecnología y en el otro a un aporte más del transporte público para poblar los cementerios del país. 

El sector del transporte es un enemigo complicado. Ningún político en este país tiene los, aquí diría huevos, pero no soy vulgar, para plantarles cara y ponerles de una vez por todas su tate quieto. Con sus amenazas de paralizaciones, controlan a todos.

El taxista promete por años encender el taxímetro, no negarse a las carreras, mantener limpio su auto y hasta bañarse, cosa que muy pocos cumplen. Los buseros prometen poco, porque cada que hablan solo piden subir el pasaje y más ayudas del Estado. 

Ya va siendo hora de que alguien, en lo local o lo nacional les ponga un freno. Alguien que tenga la responsabilidad histórica de detener la extorsión de este gremio, que salvo excepciones, no piensa en nada más que no sea mantener su estatus quo y hacer billete. 

Sí, hay taxistas decentes, amables y honestos. Como no, conozco a muchos. Pero lamentablemente la mayoría de ellos hacen quedar pésimo a los demás. Su pelea contra las aplicaciones no solo es infructuosa, sino ridícula. La tecnología no la detiene nadie. En Colombia, por ejemplo, Cabify y Uber son ilegales, pero funcionan de todas formas. El problema es que mientras no limpien el taxi, cobren lo justo y ofrezcan seguridad, la gente preferirá ir en mula o platillo volador. El problema del taxismo no son las aplicaciones, el problema de los taxistas son los taxistas. Compitan, renuévense y seguro la gente podrá tomar un taxi con la misma satisfacción de un auto particular. 

Mientras que los buseros, dueños absolutos de las carreteras, no tienen este tipo de competencia. Ahí sí que viva la vida. Pero espero que recuerden cada día la cantidad de sangre que ha  derramado en el país. Sí, seguro hay buseros serios, pero al igual que los taxistas, la mayoría hacen quedar pésimo a todos. 

Estos gremios han demostrado que no quieren cambiar, entonces está en manos de las autoridades locales (me refiero a todas las ciudades) y al Gobierno nacional, no ahuevarse más ante las extorsiones de un sector que fue el único que no jodió Correa, porque hasta ese bravucón les tenía pánico. Espero el día en el que llegue un político que nos entregue como país una transportación cómoda, moderna y sobre todo segura. Me voy a sentar a esperar, pero seguro me llega la parca en la espera.