El terrorismo tocó la puerta

La repetición de atentados en la frontera advierte de la intención del narco de quedarse en Ecuador a cualquier precio. Afloran graves fisuras en seguridad para dar respuesta y evitar la extensión del problema.

single


RICARDO ARQUES, especial para laPosta*



El inesperado atentado contra el cuartel de policía en San Lorenzo, el pasado 27 de enero, dejó señales de aviso desatendidas por las autoridades nacionales. El narcoterrorismo instalado en la frontera ha perpetrado, en respuesta a la actuación represiva, siete acciones criminales en los dos últimos meses, signo inequívoco del pulso violento emprendido contra el Estado. Ecuador parte en desventaja al desafío: por el factor sorpresa, por la falta de medios y por su inexperiencia. Solo una acción inmediata, contundente, conjunta y multilateral frenará la expansión de la lacra terrorista en el país y evitará males mayores.


La atención en cinco puntos ayuda a entender la dimensión del problema.


1. Terreno propicio

El narcotráfico es un negocio en permanente expansión; imparable. Ecuador reúne las cualidades idóneas para para la operación: territorios vírgenes casi inaccesibles, inmensas costas y vecindad con Colombia y Perú, grandes productores de coca. A la combinación de elementos se unen otros de ingredientes mayores. La vecindad con Colombia ha traído hasta el territorio nacional la secuela de las guerrillas y su idilio con el narcotráfico; Ecuador es a la vez un país dolarizado, de vía más rápida en el camino del lavado. Geografía y economía conforman el circuito que alumbra luces de alerta hacia peligros conocidos: el cuasi fallido Estado mexicano y la crueldad violenta colombiana en tiempos de Pablo Escobar. En ambos países nada prendió casual ni de repente.

2. Mando único

La dispersión de información entre los distintos servicios de la Seguridad del Estado es una fuga inaceptable que juega en favor del crimen. En España, por ejemplo, aún se lamenta el tiempo perdido en asumir que solo un mando único, conformado por los mejores especialistas en inteligencia del país, podía combatir con eficacia el terrorismo de ETA. La cicatería es un elemento perverso contra el interés del Estado. Los cuerpos de seguridad viven del presupuesto, y el presupuesto se asigna en función de sus servicios; de ahí la rivalidad de intereses que paga en ineficacia el ciudadano. El narcoterrorismo floreciente en Ecuador agarra al país en mitad de la nada: la inteligencia militar saliendo de un letargo obligado, la Senain con acta de defunción y la Policía sin rol definido. Todos, más las policías locales y de tránsito, deben reportarse a un mando único con perspectiva única al combate. El dolor y la muerte no admiten mezquindades ni esperas.

3. Visión terrorista

El terrorismo no es una guerrilla, es peor, aún más cruel. En el manual del terrorista existe una consigna como dogma de fe: hacer el mayor daño posible con el menor riesgo posible. Entre los atentados de San Lorenzo y Mataje se evidencia el recorrido de la malvada estrategia: bombas camufladas en carros, en objetos; irá evolucionando hacia lugares siempre insospechados. El robo de vehículos, potenciales explosivos, debe convertirse en una información privilegiada para la seguridad del Estado. El terrorista pone la trampa y huye después a lugar seguro. El terrorismo es un chantaje en clave de acción y reacción. A cada golpe que sufre responde con otro mayor. Presiona al Estado llevando la inseguridad aleatoria, indiscriminada y permanente a sus ciudadanos.

4. Va para todos

La dinámica de presión al Estado abre espeluznantes consecuencias. Terrorismo es eso, buscar la mayor repercusión de las acciones por medio del terror. Resulta ilusorio, temerario en la coherencia de un plan nacional contra el narcoterrorismo, pensar que la vileza criminal quedará circunscrita a la frontera. Una cosa es el territorio de operación del narco, otra el lugar conveniente para pulsar el chantaje al Estado. El atentado con coche-bomba al cuartel de Policía en San Lorenzo sacó a flote las carencias de seguridad en el país. El alto mando reconoció la inexistencia de protocolos de prevención inmediata en potenciales objetivos terroristas. El inmenso cuartel modelo de la Policía en Guayaquil, por ejemplo, estaba al día siguiente sin protección, sin vigilancia especial, cualquier carro se parqueaba junto a sus muros. No hay noticia de que algo haya cambiado desde entonces. La historia evolutiva del terrorismo, donde se mire, muestra líneas gemelas en el comportamiento del fenómeno: ataque a personas relevantes, atentados en las grandes ciudades y prioridad con las instituciones del Estado, pero sin descartar grandes puntos de afluencia como los centros comerciales. La claudicación del enemigo es la meta a cualquier precio.

5. Unidad y apertura

Ecuador está inexperto, se presenta débil en la lucha declarada contra la expresión terrorista del multimillonario negocio del narco, con indelebles conexiones internacionales en todas las aristas del crimen organizado. La unidad política nacional sin ambiciones le resulta imprescindible a este combate. El anuncio de apertura a la colaboración con Colombia, máster en la materia, abre esperanzas. Pero surge como pregunta si será suficiente. La experiencia antiterrorista de países amigos resultaría impagable porque Ecuador nada en carencias. En este contexto, los últimos contactos con autoridades de EE.UU. podrían estar tejiendo bajo la mesa una versión adaptada del 'Plan Colombia' para el país.


• Periodista español, especialista en terrorismo

Autor de los libros 'Amedo, el Estado contra ETA' y 'ETA, la derrota de las armas'