El futuro de Moreno

El presidente cierra la puerta del correísmo, pero abre la puerta de la incertidumbre: depende de muchas voluntades ajenas a la suya y ya no tiene fantasmas a quienes culpar.

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Lenín Moreno ha triunfado. Junto a él, una larga cola de padres y madres del sí. La mayoría de ocasiones un triunfo tan claro solamente trae celebraciones. En este caso: preocupaciones. Eliminado el fantasma del correísmo, Moreno no tiene ya escudo que lo defienda por la económica, política y de institucionalidad. Tampoco tiene un partido sólido. Ni una oposición dócil. Triunfador, pero foreveralone. Estos son sus escenarios:


1. Llamado a la concertación

La tesis del sí, supera ampliamente el apoyo con el que Lenín Moreno llegó al poder. Lo que solamente significa una cosa: su triunfo fue impulsado por las corrientes más diversas del país. La oposición radical, la moderada, la izquierda huérfana, el indigenismo, los independientes, los aliados provinciales: todos en la misma cancha. Así como para ganar la consulta, Moreno necesitó de esos apoyos. Implementar los cambios requiere de una concertación nacional. El diálogo en acción, al cuál hasta Guillermo Lasso se dice ahora dispuesto.


2.  Un Gobierno de aliados

Poner de acuerdo a todo el mundo no es la única forma de llevar adelante un proceso de cambios. Demostrado está con la elección parlamentaria de María Alejandra Vicuña como vicepresidenta, que Moreno cuenta con una mayoría mínima (Morenistas, minorías, Suma e independientes). Sin embargo no le alcanza para todo. Los cambios profundos requieren apoyos de las dos terceras partes del Parlamento. Para ejecutarlos el morenismo debe buscar apoyos puntuales en los extremos de la izquierda (el correísmo) o la derecha (PSC y CREO). También podría hacer a un lado a los partidos y pactar con la sociedad civil en temas vitales como el nombramiento del Consejo de Participación Ciudadana con el que controlará a las autoridades de control.


3. El fin del yo no fui

Durante nueve meses de Gobierno el principal activo político de Moreno ha sido el desastre que halló y destapó. La consulta marca el fin del correísmo como fuerza omnipresente, pero deja al presidente solo con la responsabilidad de decisiones. Desde hoy -con amplia aceptación, amplio apoyo político y amplio respaldo en las urnas- lo errores que aparezcan en el camino son suyos. No puede aludir a ingobernabilidad, herencias y otras excusas.


4. El reto económico

Tras demostrar su capacidad de impulsar saltos acelerados en política, el presidente se enfrenta al gran desafío económico. En su discurso de victoria lo reconoció, asegurando que la nueva etapa de su gobierno se reduce a tres palabras: unidad, paz y trabajo. La derogatoria de la Ley de Plusvalía es un primer paso -exigido por los economistas de izquierda y derecha-, pero la lista de exigencias para la reactivación económica es tan larga como tu lista de regalos de Navidad.


5. La renovación

El apoyo a las tesis de Gobierno, no es un apoyo al Gobierno. Las urnas no han sacramentado a un gabinete cargado de horrores injustificables, inoperancias e ineptitudes. La renovación del equipo -no sólo el económico- es uno de los pendientes de Moreno.


6. La decisión sobre sí mismo

La forma de trabajo de Moreno en los tres cuartos que restan de su mandato estará marcada por la visión que el presidente tenga de sí: quiere ser un presidente de dos períodos como le permite la Constitución y por lo tanto vivir en permanente cálculo político y campaña o quiere ser un presidente de transición que guió al país hacia el restablecimiento de la Democracia.