Qué corona tiene Rommy Vallejo

El Secretario Nacional de Inteligencia debe ser removido de un cargo para el que no es apto en ningún sentido.

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Un impresentable para cualquier Democracia. Rommy Vallejo concentra en un nombre todo lo que deberíamos evitar: el poder no sujeto a controles, la farra de dineros públicos sin explicaciones, la violación del derecho a la privacidad sin justificaciones, la permanencia en la cúpula del poder por motivos ajenos a su preparación. Que Don Vallejo pueda ver nuestras fotos en calzoncillos, o incluso las suyas, presidente Lenín Moreno, no es motivo para mantenerlo en la Secretaría de Inteligencia.

Rommy Vallejo debe irse. 

Un secretario de Estado que no responde a nadie más que al presidente (¿Realmente responde a usted, presidente?) es incompatible con la prometida cirugía mayor a la corrupción. El uso de gastos reservados, limitados legal y constitucionalmente, para la defensa nacional no puede seguir en manos de un derrochador alegre que contrata a los amiguetes para hacer encuestas o permite pagos a informantes que no pueden ser identificados por la Contraloría.

El poder acumulado por Vallejo para seguir siendo el hombre mejor informado del país no puede seguir siendo su principal arma de negociación para aferrarse al puesto con el que Rafael Correa lo premió por su fidelidad. 

El uso de la Inteligencia nacional, pagada con nuestros impuestos, no puede seguir al servicio de un partido político. Si a Vallejo le gusta dar asesorías políticas, ya sabe a qué puesto debe enviar su desnutrido currículo: ninguno que pague el Estado.

La información secreta del Estado no es una tarjeta de monopoly con la que evadir el control político y judicial: Vallejo no puede seguirse blindando con la boba excusa de la reserva, ante los jueces y parlamentarios, que deben marcarle límites democráticos a un hombre acostumbrado a no responder por sus actos.

A estas alturas, la única justificación para mantener en el cargo a una persona que no hace su trabajo ni cumple con las disposiciones ni goza de su confianza, presidente Moreno, es una inconfesable: que sabe algo que los demás no. 

Vallejo tiene una pistola y una policía secreta e información que no debería. Ya es momento de que esa deje de ser una defensa contra la Justicia, la verdad y el sentido común. 

Que se vaya a la casa y se entretenga mirando nuestras fotos en calzoncillos. Al menos, hasta que deba responder por cada uno de sus excesos.