Estimada señorita Vicuña

Señorita Vicuña, le escribo esta carta sin la garantía de que llegará a sus ojos, pero a mí me sirve de catarsis para desfogar lo que me tiene, como astilla de pollo, atravesado en el pescuezo. Pese a que nadie votó por usted, hoy ocupa la Vicepresidencia de la República. Sí, lo sé, cosas de la política.

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Señorita Vicuña, le escribo esta carta sin la garantía de que llegará a sus ojos, pero a mí me sirve de catarsis para desfogar lo que me tiene, como astilla de pollo, atravesado en el pescuezo.

Pese a que nadie votó por usted, hoy ocupa la Vicepresidencia de la República. Sí, lo sé, cosas de la política. Si usted ha visto House of Cards habrá visto cómo Frank Underwood llegó al Despacho Oval sin lograr un voto, a punta de trepadera estratégica y política trucha. No digo que ese sea su caso ¿o sí? Solo digo que esas cosas pasan en política. 

No sé si ha visto House of Cards, es de Netflix, del imperio, supongo que ocupa su tiempo de TV más bien en Telesur. 

No le voy a negar que siento una absoluta decepción, una vez más, de la política ecuatoriana. No es nada personal contra usted, pero me apena ver cómo otra vez la componenda, el muñequeo y la oportunidad, hacen que personas sin mayor historial en la patria, terminen sentados en la cúpula.

No sé cómo responder a los jóvenes políticos la pregunta de si vale la pena prepararse para dirigir el país. Les diría que sí, pero para qué, si para llegar al timón hay que escabullirse, acomodarse, perfilar el discurso no en base a las convicciones sino a las coyunturas. En realidad su designación me deja sin respuesta para esos muchachos. 

Si, lo sé, usted era el mal menor. Sin embargo, no le puedo negar que me aterra la posibilidad de –espero con todas mis fuerzas que nunca suceda- le pase algo al Presidente y por artes del destino, termine usted siendo la primera autoridad del país. No la considero, ni de lejos, capacitada para la Vicepresidencia, peor aún para el mando total. Más allá de sus aptitudes, imagino a los chavistas que la rodean, lamiéndoselo las babas por esa posibilidad. 

Si esa opción me asustaba, luego de ver un video en el que usted celebra junto a Raúl Patiño al grito de la “espada de Bolívar”, ahora estoy aterrado. Ya vivimos 10 años de chavistas enardecidos en hoteles de lujo, como en aquel video. Ya vivimos una década de Socialismo del Siglo XXI que ha llevado a la región a las más apestosas mazmorras, desaprovechando así la mejor oportunidad histórica de América Latina. Ya no más, María Alejandra, ya fue suficiente.   

No es que alguna vez estuve entusiasmado con Lenín Moreno, pero hubo momentos en que veía con agrado sus intentos de recuperar el país, intentos que tras su designación se empañan, lastimosamente.

Lo hecho hecho está. Hoy usted ocupa el segundo puesto del país y no me queda más que desearle suerte, que la sensatez inunde su cerebro y comprenda que el país no es un club de bolivarianos rancios enamorados del poder, sino un abanico ecléctico de miles de ecuatorianidades. Si quiere, la invito al Castigo Divino a que nos cuente sus ideas. Sabe, o su gente, dónde encontrarme.